Historia de Una ida y Un regreso
– Capítulo 10 –
El gran adiós de los 43 1/2.
– Capítulo 10 –
El gran adiós de los 43 1/2.
Desde que había llegado a las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) había escuchado que a los grupos de soldados que se incorporaban cada año a las filas temporales del ejército cubano en sus dos etapas (Enero – Marzo y Junio – Agosto) se les llamaba por número de llamado, los primeros poseían un número entero, los otros el mismo número pero con la terminación: y medio. Mi grupo había entrado al ejército a principios de año y fui el llamado 44, los que se incorporaron a mediados eran 44 1/2, normalmente los soldados que entraban a principio era porque no tenían carreras universitarias y pasaban 2 años completos en el servicio y si se acogían a la Orden 18 pues salían con un año y medio, y los de mediado eran los llamados ´´diferidos´´ estos entraban con una carrera universitaria que les había llegado en los pre-universitarios y en muchas ocasiones junto a estos, entraban soldados sin carrera también, pero estos debían pasar los 2 años, así es la conformación de los llamados en las FAR.
En cuanto llegue a la 1688 conocí que en aquel momento se encontraban pasando el servicio soldados de los llamados 43, 43 1/2 y nosotros los recién llegados 44. Nos referíamos a ellos como ´´los viejos´´ también se les conocía como ´´el tiempo´´ en alusión al período de permanencia que tenían de estar allí.
Luego de haber terminado las maniobras de Junio, la 1688 se había tornado muy agitada por los chismes entre soldados, se acercaba el momento final de un llamado: los 43 1/2 y estos vivían un estrés constante, indagaban, escuchaban a escondidas, pero nadie nunca sabía la fecha y el día exacto de su partida, muchos nos decían que cuando nos llegara el momento sucedería igual, yo siempre negaba que no sucedería, pero no me había llegado el momento como para saber si sí o si no.
El llamado 43 1/2 conformaba casi en su totalidad la plantilla del 3er batallón excluyendo a los casi 6 u 8 soldados 44 que habíamos ingresado a principio de año, lo cual fue un beneficio para nosotros, los 43 1/2 fueron nuestros primeros maestros dentro de la dura escuela de las FAR, nos instruyeron todo lo relativo a como saber comportarnos en aquel desfavorable ambiente, nos guiaron, y a pesar que nunca tuve grandes amistades como con mis amigos, el hecho de tener que saber que pronto nos abandonaban nos dejaba un vacío irreparable, por una parte te dabas cuenta que te acercabas a tu día también, pero por otra era muy terrible, pues quedabas desprotegido ante los altos mandos militares, allí era mejor permanecer a la ´´sombra de un batallón´´ que a la ´´luz de un pequeño reducto grupo de soldados´´.
El amanecer del Viernes 13 de Julio del 2007, fue distinto, recuerdo muy bien cada segundo; primero la noche anterior casi nadie durmió en los batallones, el sueño de ser libres nuevamente les había robado el sueño a los soldados 43 1/2 , despertamos muy tempranos, todos esperaban muy nerviosos y sentados en sus camas el rasguño de la campana que ordenara el ´´de pie´´ en toda la unidad, y cuando sucedió fue toda una explosión de locura y felicidad mezcladas en una sola, todos gritaban, se abrazaban, reían, lloraban, hasta los dos únicos 44 de toda la segunda planta del batallón: Yusmaikel y yo, gritamos y reímos también, pues todo era muy contagioso.
Las horas del día pasaron, y como en toda partida había llegado la hora de decir adiós, tocaron la campana, se reunió toda la unidad como de costumbre en todo el polígono, pero esta vez, era una formación mixta entre soldados vestidos de verde olivo y los que ya partían vestidos de civil. El Coronel Alexis pronunció un discurso en donde enunció entre otras palabras:
- Llévense con ustedes, todo lo bueno que vivieron, todos sus momentos de alegría, dejen aquí todo lo malo, los momentos de dolor y de tristeza, hijos de la patria.
Sobre las 2:30 PM, el Jefe de Personal de la unidad el Tte. Coronel La O comenzó a pasar lista a todos los soldados que ya eran civiles, uno por uno abordaron los ómnibus, toda la unidad estaba en un total estado de embriaguez emocional, dentro de los ómnibus podíamos ver la gran emoción que sentían los que partían, se oyó el motor al encenderse, y antes de salir por la gran puerta, los soldados en todos los ómnibus iniciaban un conteo regresivo a toda voz:
- Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, unos, civil, civil, civil.
Entonces estos nos abandonaban para nunca más volver. Cuando todos los ómnibus partieron, sobre la unidad cayó un manto de silencio total, de melancolía, muchos vieron sus mejores amigos y hasta hermanos partir y dejarnos allí, otros lloraron, algunos como yo se nos hizo un nudo en la garganta, casi más de 500 soldados volvían a su vida como civiles. Allí terminaba un capítulo cargado de un feliz final, pero se nos iniciaba otro, a los que permanecíamos, días duros y difíciles estaban por venir.
En cuanto llegue a la 1688 conocí que en aquel momento se encontraban pasando el servicio soldados de los llamados 43, 43 1/2 y nosotros los recién llegados 44. Nos referíamos a ellos como ´´los viejos´´ también se les conocía como ´´el tiempo´´ en alusión al período de permanencia que tenían de estar allí.
(…)
Luego de haber terminado las maniobras de Junio, la 1688 se había tornado muy agitada por los chismes entre soldados, se acercaba el momento final de un llamado: los 43 1/2 y estos vivían un estrés constante, indagaban, escuchaban a escondidas, pero nadie nunca sabía la fecha y el día exacto de su partida, muchos nos decían que cuando nos llegara el momento sucedería igual, yo siempre negaba que no sucedería, pero no me había llegado el momento como para saber si sí o si no.
El llamado 43 1/2 conformaba casi en su totalidad la plantilla del 3er batallón excluyendo a los casi 6 u 8 soldados 44 que habíamos ingresado a principio de año, lo cual fue un beneficio para nosotros, los 43 1/2 fueron nuestros primeros maestros dentro de la dura escuela de las FAR, nos instruyeron todo lo relativo a como saber comportarnos en aquel desfavorable ambiente, nos guiaron, y a pesar que nunca tuve grandes amistades como con mis amigos, el hecho de tener que saber que pronto nos abandonaban nos dejaba un vacío irreparable, por una parte te dabas cuenta que te acercabas a tu día también, pero por otra era muy terrible, pues quedabas desprotegido ante los altos mandos militares, allí era mejor permanecer a la ´´sombra de un batallón´´ que a la ´´luz de un pequeño reducto grupo de soldados´´.
El amanecer del Viernes 13 de Julio del 2007, fue distinto, recuerdo muy bien cada segundo; primero la noche anterior casi nadie durmió en los batallones, el sueño de ser libres nuevamente les había robado el sueño a los soldados 43 1/2 , despertamos muy tempranos, todos esperaban muy nerviosos y sentados en sus camas el rasguño de la campana que ordenara el ´´de pie´´ en toda la unidad, y cuando sucedió fue toda una explosión de locura y felicidad mezcladas en una sola, todos gritaban, se abrazaban, reían, lloraban, hasta los dos únicos 44 de toda la segunda planta del batallón: Yusmaikel y yo, gritamos y reímos también, pues todo era muy contagioso.
Las horas del día pasaron, y como en toda partida había llegado la hora de decir adiós, tocaron la campana, se reunió toda la unidad como de costumbre en todo el polígono, pero esta vez, era una formación mixta entre soldados vestidos de verde olivo y los que ya partían vestidos de civil. El Coronel Alexis pronunció un discurso en donde enunció entre otras palabras:
- Llévense con ustedes, todo lo bueno que vivieron, todos sus momentos de alegría, dejen aquí todo lo malo, los momentos de dolor y de tristeza, hijos de la patria.
Sobre las 2:30 PM, el Jefe de Personal de la unidad el Tte. Coronel La O comenzó a pasar lista a todos los soldados que ya eran civiles, uno por uno abordaron los ómnibus, toda la unidad estaba en un total estado de embriaguez emocional, dentro de los ómnibus podíamos ver la gran emoción que sentían los que partían, se oyó el motor al encenderse, y antes de salir por la gran puerta, los soldados en todos los ómnibus iniciaban un conteo regresivo a toda voz:
- Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, unos, civil, civil, civil.
Entonces estos nos abandonaban para nunca más volver. Cuando todos los ómnibus partieron, sobre la unidad cayó un manto de silencio total, de melancolía, muchos vieron sus mejores amigos y hasta hermanos partir y dejarnos allí, otros lloraron, algunos como yo se nos hizo un nudo en la garganta, casi más de 500 soldados volvían a su vida como civiles. Allí terminaba un capítulo cargado de un feliz final, pero se nos iniciaba otro, a los que permanecíamos, días duros y difíciles estaban por venir.

